martes, 15 de septiembre de 2015

Mitopoeia (Mythopoeia) de J.R.R. Tolkien

Un poema sobre el arte sub-creador, sobre el sentido de la "obsesión" humana por crear mitos. Una defensa de la fantasía poética contra la visión materialista y nihilista del mundo. De carácter poético-filosófico-teológico, puede considerarse una unidad con el ensayo del mismo autor "Sobre los cuentos de hadas" (cuya lectura recomiendo encarecidamente).

Aquí dejo la versión al castellano hecha por Alexis Lovet con la colaboración de Matías Vecino, teniendo como base las versiones de Julio César Santoyo y José M. Santamaría así como la de Rubi Brandigamo en: http://www.anarda.net/tolkien/mitopoeia.html

MITOPOEIA

A aquel que dice que los mitos son mentiras, y por tanto sin valor, aunque sean “soplados en trompetas de plata”.

Filomito a Misomito

Miras los árboles y así los denominas,
(los árboles son “árboles” y creciendo es “crecer”);
caminas por la tierra y hollas con paso solemne
uno de los muchos orbes menores del Espacio:
una estrella es una estrella, una esfera de materia
obligada a seguir matemáticas sendas
entre lo reglamentado, frío, vacío,
donde a cada instante átomos predestinados declinan.

Por mandato de una Voluntad que reverenciamos
(como debemos), pero que apenas comprendemos,
grandes procesos ocurren, el Tiempo se desenvuelve
desde oscuros principios hasta metas inciertas;
y como en un palimpsesto sin clave
con letras y pinturas de variados matices,
innumerable multitud de formas aparece
ora torvas, ora delicadas, unas bellas, otras raras,
extrañas entre sí, pero descendientes de un
remoto Origo, mosquito, hombre, piedra y sol.

Dios hizo las pétreas piedras, los arbóreos árboles,
la telúrica tierra, las estelares estrellas, y esos
homúnculos hombres que caminan por el suelo
con nervios que estremece el contacto de la luz y el sonido. 
Los movimientos del mar, el viento en las ramas,
la hierba verde, la lenta singularidad de las vacas,
el trueno y el relámpago, pájaros que giran y gritan,
el barro que sale del barro a vivir y a morir,
cada cual se registra debidamente y se graba
en los pliegues cerebrales con marcas distintas.

Mas los árboles no son “árboles” hasta que se los nombra y contempla,
y nunca se los llamó así hasta que hubo aquellos
que desplegaron el intrincado aliento del lenguaje,
débil eco y borrosa imagen del mundo,
pero ningún registro ni fotografía,
siendo adivinación, juicio y risa,
responde a aquellos cuyo interior agitan
hondos movimientos admonitorios, emparentados
con la vida y la muerte de árboles, bestias, estrellas:
cautivos libres que socavan barrotes sombríos,
escavando lo conocido por experiencia
y extrayendo la vena del espíritu a partir del sentido.
Grandes poderes sacan lentamente de sí mismos,
y mirando atrás contemplan a los elfos
que trabajan en las sutiles forjas de la mente,
y luz y oscuridad entretejidas en telares secretos.

No ve las estrellas quien no las ve ante todo
hechas de plata viva que estalla de pronto
en llamas como flores, en una antigua canción,
cuyo eco tras la música
hace mucho tiempo persigue.  No hay firmamento,
un mero vacío, si no  es una tienda enjoyada
tejida de mitos y adornada por elfos; y ninguna tierra,
si no es el vientre materno donde todo tiene nacimiento.

El corazón del hombre no está hecho de engaños,
y obtiene sabiduría del único que es Sabio,
y todavía lo invoca.  Aunque ahora exiliado,
el hombre no se ha perdido ni del todo ha cambiado. 
Quizá ha perdido la Gracia, pero no ha sido destronado,
y aún conserva los harapos de su señorío,
su dominio del mundo por el acto creativo:
No es suyo adorar al gran Artefacto.
Hombre, Sub-creador, la luz refractada
a través de quien se fragmenta un único Blanco
en numerosos matices que se combinan sin fin
en formas vivas que van de mente en mente.
Aunque hallamos llenado todas las grietas del mundo
con elfos y duendes, aunque nos atrevimos a fabricar
Dioses y sus casas de oscuridad y de luz,
y hallamos sembrado semillas de dragones, era nuestro derecho
(usado bien o mal). El derecho no ha decaído.
Creamos todavía por la ley en la que fuimos creados.

¡Sí! ¡Hilamos “sueños de deseos cumplidos”, para engañar
nuestros tímidos corazones y derrotar el feo Hecho !
¿De dónde viene el deseo y de dónde el poder de soñar
y el de juzgar que unas cosas son hermosas y otras feas?
No todos los deseos son ociosos, ni en vano
soñamos su cumplimiento— pues el dolor es dolor,
no se desea por sí mismo, es una enfermedad,
que fortalece o subyuga la voluntad
en igual desgracia. Y sólo esto del Mal
es terriblemente cierto: que es Mal. 

Benditos los corazones tímidos que el mal odia,
que tiemblan bajo su sombra pero aún le cierran la puerta;
no buscan negociar, y en un aposento resguardado,
aunque pequeño y sencillo, sobre un rústico telar
tejen telas doradas para el lejano día
en el que esperan y creen bajo el imperio de la Sombra.

Benditos los hombres de la raza de Noé que construyeron
sus pequeñas arcas, aunque frágiles y pobremente provistas,
y con vientos contrarios avanzan hacia un fantasma,
hacia el rumor de un puerto que prevé la fe.

Benditos los creadores de leyendas con sus rimas
sobre cosas que no se encuentran en el registro del tiempo.
No son ellos quienes olvidaron la Noche,
o nos invitan a huir hacia los deleites organizados
en islas-loto de bendición económica
almas perjuras por ganar un beso de Circe
(y como imitación, producido a máquina,
la falsa seducción del dos veces seducido).
Aquellas islas divisaron a lo lejos, y otras aún más preciosas,
y aquellos que oyen de ellas deben aún tener cuidado.
Ellos han visto la Muerte y la última derrota,
y no obstante no retroceden desesperados,
pues a menudo a la victoria han vuelto la lira
y a amables corazones de fuego legendario,
iluminando el Ahora y oscuros días que Han sido
con luz de soles como aún ningún hombre ha visto.

Quisiera poder cantar con los trovadores
y evocar lo no visto con un tañido de cuerda.
Quisiera estar con los marineros del mar profundo
que sus esbeltas tablas cortan en escarpadas montañas
y viajan en una misión vaga y errante,
pues algunos han pasado más allá del legendario Occidente.
Quisiera ser contado entre los locos bajo asedio
que guardan la fortaleza interior donde su oro,
sucio y escaso, aún conservan lealmente,
para acuñar la vaga imagen de un rey lejano,
o en banderas fantásticas tejer los brillantes
emblemas heráldicos de un señor aún no visto.

No quiero caminar con vuestros monos evolucionados,
erecto y sapiente. Ante ellos se abre
el abismo oscuro adonde su progreso lleva
si por misericordia de Dios el progreso termina,
y no vuelve incesantemente al mismo
curso estéril cambiándole el nombre.
No quiero avanzar por ese camino chato y polvoriento,
señalando esto y aquello como “esto” y “aquello”,
vuestro mundo inmutable donde no tiene parte
el pequeño creador en el arte de crear.
No me inclinaré delante de la Corona de Hierro,
ni dejaré caer mi propio pequeño cetro dorado.

Quizá en el Paraíso el ojo se extravíe
con la contemplación del Día imperecedero
para ver el día iluminado, y renovar
con la verdad reflejada el retrato de la Verdad.
Entonces al ver la Tierra Bendecida verá
que todo es como es, y sin embargo ha sido liberado: 
La salvación no cambia ni destruye
ni al jardín ni al jardinero, ni a los niños ni a sus juguetes.
El Mal ya no se verá, pues el mal no reside
en el cuadro de Dios sino en el ojo torcido,
ni en la fuente sino en la elección maliciosa,
ni en el sonido sino en la voz desentonada.
En el Paraíso ya no se verán fuera de lugar;
y aunque creen cosas nuevas no harán mentiras.
Seguramente todavía crearán, pues no habrán muerto,
y habrá llamas en las cabezas de los poetas
 y arpas donde caerán precisos los dedos:
 allí cada uno elegirá para siempre del Todo.


MYTHOPOEIA


To one who said that myths were lies and therefore worthless, even though 'breathed through silver'.

Philomythus to Misomythus

You look at trees and label them just so,
(for trees are 'trees', and growing is 'to grow');
you walk the earth and tread with solemn pace
one of the many minor globes of Space:
a star's a star, some matter in a ball
compelled to courses mathematical
amid the regimented, cold, inane,
where destined atoms are each moment slain.

At bidding of a Will, to which we bend
(and must), but only dimly apprehend,
great processes march on, as Time unrolls
from dark beginnings to uncertain goals;
and as on page o'erwritten without clue,
with script and limning packed of various hue,
an endless multitude of forms appear,
some grim, some frail, some beautiful, some queer,
each alien, except as kin from one
remote Origo, gnat, man, stone, and sun.

God made the petreous rocks, the arboreal trees,
tellurian earth, and stellar stars, and these
homuncular men, who walk upon the ground
with nerves that tingle touched by light and sound.
The movements of the sea, the wind in boughs,
green grass, the large slow oddity of cows,
thunder and lightning, birds that wheel and cry,
slime crawling up from mud to live and die,
these each are duly registered and print
the brain's contortions with a separate dint.

Yet trees are not 'trees', until so named and seen
and never were so named, till those had been
who speech's involuted breath unfurled,
faint echo and dim picture of the world,
but neither record nor a photograph,
being divination, judgement, and a laugh
response of those that felt astir within
by deep monition movements that were kin
to life and death of trees, of beasts, of stars:
free captives undermining shadowy bars,
digging the foreknown from experience
and panning the vein of spirit out of sense.
Great powers they slowly brought out of themselves
and looking backward they beheld the elves
that wrought on cunning forges in the mind,
and light and dark on secret looms entwined.

He sees no stars who does not see them first
of living silver made that sudden burst
to flame like flowers beneath an ancient song,
whose very echo after-music long
has since pursued. There is no firmament,
only a void, unless a jewelled tent
myth-woven and elf-patterned; and no earth,
unless the mother's womb whence all have birth.

The heart of Man is not compound of lies,
but draws some wisdom from the only Wise,
and still recalls him. Though now long estranged,
Man is not wholly lost nor wholly changed.
Dis-graced he may be, yet is not dethroned,
and keeps the rags of lordship once he owned,
his world-dominion by creative act:
not his to worship the great Artefact,
Man, Sub-creator, the refracted light
through whom is splintered from a single White
to many hues, and endlessly combined
in living shapes that move from mind to mind.
Though all the crannies of the world we filled
with Elves and Goblins, though we dared to build
Gods and their houses out of dark and light,
and sowed the seed of dragons, 'twas our right
(used or misused). The right has not decayed.
We make still by the law in which we're made.

Yes! 'wish-fulfilment dreams' we spin to cheat
our timid hearts and ugly Fact defeat!
Whence came the wish, and whence the power to dream,
or some things fair and others ugly deem?
All wishes are not idle, nor in vain
fulfilment we devise -- for pain is pain,
not for itself to be desired, but ill;
or else to strive or to subdue the will
alike were graceless; and of Evil this
alone is deadly certain: Evil is.

Blessed are the timid hearts that evil hate
that quail in its shadow, and yet shut the gate;
that seek no parley, and in guarded room,
though small and bate, upon a clumsy loom
weave tissues gilded by the far-off day
hoped and believed in under Shadow's sway.

Blessed are the men of Noah's race that build
their little arks, though frail and poorly filled,
and steer through winds contrary towards a wraith,
a rumour of a harbour guessed by faith.

Blessed are the legend-makers with their rhyme
of things not found within recorded time.
It is not they that have forgot the Night,
or bid us flee to organized delight,
in lotus-isles of economic bliss
forswearing souls to gain a Circe-kiss
(and counterfeit at that, machine-produced,
bogus seduction of the twice-seduced).
Such isles they saw afar, and ones more fair,
and those that hear them yet may yet beware.
They have seen Death and ultimate defeat,
and yet they would not in despair retreat,
but oft to victory have tuned the lyre
and kindled hearts with legendary fire,
illuminating Now and dark Hath-been
with light of suns as yet by no man seen.

I would that I might with the minstrels sing
and stir the unseen with a throbbing string.
I would be with the mariners of the deep
that cut their slender planks on mountains steep
and voyage upon a vague and wandering quest,
for some have passed beyond the fabled West.
I would with the beleaguered fools be told,
that keep an inner fastness where their gold,
impure and scanty, yet they loyally bring
to mint in image blurred of distant king,
or in fantastic banners weave the sheen
heraldic emblems of a lord unseen.

I will not walk with your progressive apes,
erect and sapient. Before them gapes
the dark abyss to which their progress tends
if by God's mercy progress ever ends,
and does not ceaselessly revolve the same
unfruitful course with changing of a name.
I will not treat your dusty path and flat,
denoting this and that by this and that,
your world immutable wherein no part
the little maker has with maker's art.
I bow not yet before the Iron Crown,
nor cast my own small golden sceptre down.

In Paradise perchance the eye may stray
from gazing upon everlasting Day
to see the day illumined, and renew
from mirrored truth the likeness of the True.
Then looking on the Blessed Land 'twill see
that all is as it is, and yet made free:
Salvation changes not, nor yet destroys,
garden nor gardener, children nor their toys.
Evil it will not see, for evil lies
not in God's picture but in crooked eyes,
not in the source but in malicious choice,
and not in sound but in the tuneless voice.
In Paradise they look no more awry;
and though they make anew, they make no lie.
Be sure they still will make, not being dead,
and poets shall have flames upon their head,
and harps whereon their faultless fingers fall:
there each shall choose forever from the All.
 


jueves, 23 de julio de 2015

El Herrero de Wootton Mayor - JRR Tolkien


"El Herrero de Wootton Mayor" (Smith of Wootton Major) es uno de los últimos cuentos escritos por el Profesor (publicado en 1967). Como "Hoja, de Niggle" este es también profundamente biográfico (no en sentido literal, claro, sino espiritual). El herrero transparenta al mismo Tolkien con su "don" de acceder a Fantasía en pequeños viajes al principio (poemas, cuentos) y en un "largo viaje" (El Señor de los Anillos) que lo separa de su familia y las tareas domésticas por mucho tiempo. También encontramos en Nokes una parodia de los que no comprenden realmente el Reino de Fantasía y piensan que las hadas y la magia son dulces mentiras para niños (como los "críticos literarios" de "Los monstruos y los críticos" y de "Sobre los cuentos de hadas"). En ningún caso se cae abiertamente en la alegoría, estamos ante paralelismos y alusiones planeados por Tolkien para abrir su relato a la "aplicabilidad" (como él la llamaba). Con esa precaución podemos también sugerir una lectura religiosa (católica) de algunos pasajes como la Fiesta de los Niños buenos, que semeja una liturgia de Primera Comunión (y de hecho se habla del "Pabellón" en términos que recuerdan una iglesia: tiene vitrales, gárgolas, pinturas y dorados). Lo mismo puede decirse de la Reina de las Hadas, descrita con imágenes que nos recuerdan a «Nuestra Señora, sobre la cual se funda toda mi escasa percepción de la belleza tanto en majestad como en simplicidad.» (Carta de Tolkien a Robert Murray s.j. - 1956).

lunes, 22 de junio de 2015

Egidio el Granjero de Ham - JRR Tolkien


Durante un picnic la familia Tolkien se ve sorprendida por la lluvia y se refugia bajo un puente. El padre impovisa un cuento para entretenerlos. Era la primera versión de Egidio, el granjero de Ham y corría la segunda mitad de la década de 1920. A partir de allí el relato fue evolucionando hasta su escritura en 1937 y su publicación en 1949.

Es un relato desenfadadamente anacrónico y alegre, ambientado en los tiempos míticos de la Isla de Britannia, y se enmarca en aquel gran deseo del Profesor de ir bosquejando una "mitología inglesa". Aunque como en este caso no se tome muy en serio a sí mismo.

Como filólogo Tolkien incorporó varias bromas inventando falsas etimologías de lugares cercanos a Oxford, junto al Támesis y camino a Londres. Así como la mención de los "cuatro sabios de Oxenford" que hacen referencia a los cuatro editores del "Diccionario Oxford" en cuya redacción él mismo había colaborado. La definición de "trabuco" por supuesto, es la del mismo diccionario y luego desafiada punto por punto por la descripción del arma de Egidio.

Los nombre de varios personajes tienen resonancia histórica: Julius Agricola (parte del nombre de Egidio), fue el general romano conquistador de Bretaña en el siglo I. Ambrosius Aureliano (parte del nombre del rey) fue el adversario de los sajones en el siglo V. Y el nombre del herrero se parece al de Fabius Cunctator, enemigo de Aníbal. 

El nombre del dragón Chrysophylax (Χρυσοφύλαξ) es griego y significa "el que guarda el oro" y su apellido Dives es latino y significa "El rico". El nombre de la espada "Caudimordax" es latino y queda bien traducido por la versión inglesa "Tailbiter" (Caudi: cola / mordax: mordedora), es decir "Mordedora de Colas". La versión castellana pone "Tajarrabos" aunque podría haber sido "Muerderrabos".

El nombre del perro Garm puede provenir de la mitología nórdica antigua (Escandinavia y sus colonias hasta el siglo XIV) en la que Garm o Garmr era el perro que custodiaba las puertas del inframundo, la morada de Hel. Sin embargo en galés "garm" significa grito o aullido, que es precisamente lo que hace el perro en todo el cuento.

Galatea, el nombre de la vaca, es griego y signfica "diosa de la leche".

El prólogo escrito como si fuese un traductor anónimo del latín al inglés satiriza a los "críticos" que sólo buscaban datos históricos en las obras antiguas en vez de aprender a disfrutar de su valor poético y belleza literaria (en la misma línea de su conferencia "Beowulf: los monstruos y los críticos").

Un elemento que habría que revisar en la versión española es la frase final acerca de Thame. La traducción española dice que escribirlo sin "h" es un error injustificable, pero en inglés dice exactamente lo contrario: "Thame with an h is a folly without warrant" (Thame con "h" es una tontería sin justificación). Precisamente porque Tolkien está diciendo que Tame ("apresado, domado, domesticado") hace referencia al Dragón (domito serpente: la serpiente domada) y que la "h" se debe haber colado después, quizá por influencia del francés.

lunes, 1 de junio de 2015

Carta a Dante Alighieri - de Roberto Benigni



Querido Dante:

Ante todo espero que estés bien, que la piedra no te pese demasiado y deseo que oigas el Gloria in excelsis Deo tan pronto como sea posible. Y también quiero agradecerte porque con tu Divina Comedia me has enamorado de la poesía, que es la cosa más bella del mundo. Me hiciste sentir el bien y el mal, me hiciste ir a la cama aterrorizado, me hiciste llorar, me llevaste por todos lados, sobre el Océano Atlántico, a Lunigiana, a Jerusalén, a Monterrigioni. Me hiciste morir de la risa, aunque has escrito en una lengua dificilísima, misteriosa e incomprensible, que para entenderla me la debí hacer explicar por mis abuelos analfabetos.

Entraste en mi vida como una tromba, Dante, con una alegría y una potencia estrepitosas, como cuando conocí los damascos. Por eso para mí, Dante, tú eres parte de la naturaleza, como los damascos, el sol y la hierba. Y cuando me preguntan si eres moderno, es como si me preguntaran si es moderna la hierba. Apenas empecé a leerte me hiciste saltar de la silla:  me di cuenta que no era yo el que te leía a ti, eras tú quien me leías a mí como ningún otro jamás me había leído, con palabras antiguas y conmovedoras que han atravesado los siglos para posarse sobre nuestros labios.

Me hiciste probar esa sensación tremenda de que como yo en el mundo no hay otro, pero que soy igual a ti. Y que tú y yo somos iguales a todos. Cada cosa que siempre había sentido desde que nací, tú le has dado una forma memorable. ¡Cuánto te he querido, Dante! Entraba en tu libro como se entra en una farmacia: leía dos o tres tercetos en voz alta y mataba todos los virus. Salía de tu libro con todas las herramientas nuevas dispuesto a partir contigo hacia el más hermoso viaje que jamás se haya hecho: a la búsqueda de una mirada. Esa mirada que sólo las mujeres poseen, y que me habría de arrojar al punto más secreto del mundo.

(…)

Dicen que la Divina Comedia es la obra más audaz del ingenio humano, que su enseñanza es tan profunda que sólo puede haber descendido al pensamiento humano por revelación, y que por primera vez, en la historia del mundo, nos has hecho explorar la remota región de lo Eterno, “físicamente, corporalmente”. Que nos hiciste entender:

que Dios tiene necesidad de los hombres;
que cada vez que el hombre obra mal, Dios contiene el aliento;
que no hay mal que no pueda consolarse;
que cada uno de nosotros está aquí para completar y complicar el fresco;
que la poesía es canto y cuento;
que las mujeres son el ápice de la creación, el alivio del abismo;
que te has ocupado de este extraño regalo que nos ha tocado en suerte: la vida;
que, luego de haberte leído, no se miran más las personas distraídamente sino como a cofres de un misterio, depositarias de un destino inmenso;
que el arte debe interesarse por la vida;
que la vida es mucho más que cuanto podamos entender, y por esto resiste;
que nadie es tan extraño que no pueda ser comprendido;
que cada uno de nosotros es único, y hace la diferencia;
que se puede hablar de los otros cuando hablamos de nosotros;
qué cosa nos hace felices;
qué cosa amamos y odiamos en serio;
que todos nosotros estamos aquí por el Sí de una Mujer;
que el arte de mantener la cabeza mientras se pierde el corazón es propio sólo de Dios;
que Dios ha perdido la cabeza y el corazón por una Mujer;
que lo que verdaderamente amamos no se nos quitará jamás;
que en arte la libertad no existe;
que la más grande libertad nace del más grande rigor;
que tu terceto más irrelevante vale la obra de miles de poetas;
que para hacer poesía una sola cosa es necesaria: todo;
que las cosas más profundas se dicen con simplicidad;
que la belleza se vuelve verdad, porque Dios voluntariamente se inspira en aquellos que ha inspirado;
que todo es digno de ser salvado;
que hasta el caos tiene su calendario y la nada su propia historia;
que hasta la rivalidad es un don, un diálogo de generosidad;
que nos hace recibir del viento una tradición viva;
que la poesía es dicción, ficción y ritmo;
que los grandes autores viven un eterno presente;
que ningún pintor ha inventado jamás un nuevo color;
que la música es un silencio interrumpido que no se parece a nada;
que la poesía se parece a la música;
que la teología es la poesía de Dios;
que el primer Arquero no falla jamás el blanco;
que debemos acordarnos de vivir;
que estamos en crisis por el fuerte deseo de durar;
que nos hiciste posible vivir en un mundo más grande;
que nos has vuelto el mundo menos extraño y enemigo;
que cada persona es el héroe de la propia historia, aunque sus días y sus noches no parezcan excepcionales a ninguno;
que los hechos del mundo no son el fin de la cuestión;
que en poesía se usa el mismo número de palabras para describir los órdenes angelicales y el gesto de un sastre que con poca luz introduce el hilo por el ojo de una aguja;
que no se puede hablar de tú a lo desconocido;
que el Paraíso está colmado de la deslumbrante belleza del verbo ser;
que la vida es destino y viaje, conocimiento y amor;
que Alguien no quita jamás la vista de nosotros, porque nos ama;
que la belleza nace terriblemente;
que el arte es un don...”

Roberto Benigni


jueves, 26 de marzo de 2015

Caperucita Roja Medieval

De puella a lupellis seruata.
Quod refero, mecum pagenses dicere norunt,
Et non tam mirum quam ualde est credere uerum:
Quidam suscepit sacro de fonte puellam,
Cui dedit et tunicam rubicundo uellere textam;
Quinquagesima sancta fuit babtismatis huius.
Sole sub exorto quinquennis facta puella
Progeditur, uagabunda sui inmemor atque pericli,
Quam lupus inuadens siluestria lustra petiuit
Et catulis predam tulit atque reliquit edendam.
Qui simul aggressi, cum iam lacerare nequirent,
Ceperunt mulcere caput feritate remota.
"Hanc tunicam, mures, nolite", infantula dixit,
"Scindere, quam dedit excipiens de fonte patrinus!"
Mitigat inmites animos deus, auctor eorum.

Egberto de Lieja: "Fecunda ratis" (año 1022-1024).

Traducción:

Sobre una niña salvada de los lobeznos.
Lo que relato, los campesinos pueden decirlo igual que yo
y no es tan maravilloso como cierto de creer.
Un hombre tomó a una niña de la pila sagrada,
y le dio una túnica tejida de lana roja;
la fiesta sagrada de Pentecostés fue el día de su bautizo.
La niña, ahora de cinco años, sale
al amanecer, sin rumbo e inocente del peligro.
Un lobo la atacó, fue a su madriguera en el bosque
llevándola como botín para sus cachorros, y la dejó para ser devorada.
Ellos se le acercaron, y no pudiendo ser capaces de herirla,
Comenzaron, libres de su ferocidad, a acariciar su cabeza.
“No rompan esta túnica, ratones”, dijo la niñita,
“que me la dio mi padrino al sacarme de la pila”.
Dios ablanda las almas feroces.

Egberto era un monje del siglo XI y su obra "Fecunda ratis" es un libro didáctico escrito en hexámetros y que recopila proverbios, cuentos y fábulas (como en este caso, según él mismo lo afirma, narrados por los campesinos). Como vemos no aparecen los elementos que trae el cuento en Perrault (siglo XVII) como la madre, la abuelita, el encargo y la canasta. Ni, por supuesto el leñador añadido por los Grimm en el siglo XIX. En cambio aparece más nítida la función del vestido rojo como símbolo de la protección del Bautismo. En el bautismo se recibie una vestidura blanca, pero aquí aparece roja por alusión a Pentecostés. Quizá sea también una referencia a la Sangre de Cristo tal como aparece en Apocalipsis 7,14: «...han lavado sus vestiduras y las han emblanquecido en la sangre del Cordero». Aunque no se dice explícitamente está claro que es gracias a la veste roja símbolo de la Gracia bautismal, que los lobos no le hacen daño. El lobo, claro está, aparece en el Evangelio (Juan 10,11-12) y  San Agustín comenta: «quid est lupus, nisi diabolus?» (quién es el lobo, sino el diablo?) en su In Iohannis Evangelium tractatus 46,7.


El texto de la Fecunda  Ratis es citado por Jan M. Ziolkowski, “A Fairy Tale from before Fairy Tales: Egbert of Liège’s ‘De puella a lupellis seruata’ and the Medieval backround of ‘Little Red Riding Hood’”. Revista Speculum, Vol. 67, No.3, Julio de 1992.

lunes, 16 de marzo de 2015

Perseverar en la alegría



“Mi testamento filosófico” de Jean Guitton (fragmento). 


“San Pedro me interrogó primero.
- Jean Guitton, ¿Qué has hecho de tu vida?
- He filosofado.
- ¿Qué quiere decir eso?
- He aprendido a morir.
- ¿Cómo lo aprendiste?
- Mirando a Cristo.
- ¿Quién te enseñó a mirarlo?
- La que le dio la vida y lo vio morir en la cruz. Ella fue quien me enseñó.
- ¿Cómo te lo enseñó?
- Mientras escribía un libro acerca de ella.

San Juan tomó la palabra. Él es mi santo patrono. La víspera del día en que Jesús sufrió, él reposó su cabeza en el pecho del Señor. Tal fue el sacramento por el cual recibió el conocimiento de lo insondable. Yo lo amaba. Cien años que me hablaba de ta tou kuriou pneumatika. (“Todo lo que llenaba el espíritu del Señor”) Y ahora lo veía. Su voz era más firme de lo que yo hubiese creído. Su estatura más alta. Su rostro irradiaba la luz de la Verdad.


Jean – me preguntó- ¿Qué es morir?
- Es perderlo todo, abandonarlo todo y abandonarse en manos de Dios.
- ¿Por qué es importante morir?
- Porque es el único momento de la vida en que se puede dar absolutamente todo y sin retorno.
- ¿Y qué es vivir bien?
- Es vivir cada instante como se moriría si se muriera bien.
- ¿Qué es morir bien?

Miré a Santa Teresa y la respuesta me vino, fulgurante:
-Morir de Amor.
-Jean, ¿Qué es el amor?
-Amar es darlo todo y darse uno mismo.

San Juan se ensimismó. Ozanam preguntó:
- Jean, ¿Es triste morir?
- Es triste para los demás.
- ¿Y para uno mismo?
- Es triste, si pensamos en la tristeza de los otros.
- Jean, ¿Has muerto triste?
- Quise perseverar en la alegría.”

viernes, 27 de febrero de 2015

"Hoja" de Niggle - Audiolibro


"Hoja, de Niggle" (Leaf by Niggle) es un cuento corto escrito por J. R. R. Tolkien en 1939 en la pausa que siguió a la redacción de los primeros nueve capítulos de "El Señor de los Anillos". El relato apareció por primera vez publicado en el periódico católico "Dublin Review" en 1945. 

Es probablemente la única excepción al conocido distanciamiento del autor respecto al uso de la alegoría. "Hoja de Niggle" es al mismo tiempo una confesión autobiográfica, un relato de ultratumba (vida, muerte, purgatorio, paraíso...), una exposición de sus ideas sobre subcreación y su más audaz esperanza respecto a la redención y destino de su obra. 

Por otro lado, en muchos otros momentos Tolkien utilizó la misma imagen para describir su trabajo creativo: a él le gustaban las "hojas", es decir "las palabras" (recomiendo leer su conferencia "Un vicio secreto") a partir de las cuales acabó por desarrollar el árbol completo que incluye los lenguajes de dichas palabras, su evolución, los pueblos que los hablan, las culturas de esos pueblos, la historia de los mismos y la completa mitología de su universo: el Gran Árbol es evidentemente la obra inconclusa de toda su vida que empezó a partir de unas pocas hojas y de la que todos conocemos sus partes más logradas.

Recomiendo mucho la lectura del siguiente ensayo para el que quiera profundizar en el sentido de este relato: http://www.sociedadtolkien.org/media/...