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sábado, 29 de diciembre de 2018

La Leyenda de Sigurd y Gudrún y su influencia en la Mitología de Tolkien



Notas sobre “La nueva balada de los völsungos” (Völsungakviða en nýja) y “La nueva balada de Gudrún” (Guðrúnarkviða en nýja) escritas por J.R.R. Tolkien reunidas en un volumen bajo el título de "La Leyenda de Sigurd y Gudrún":


En estas dos obras Tolkien recrea las baladas sobre los völsungos que aparecen en la Edda Poética (llamada también Edda Mayor), fuente principal de la mitología nórdica. Recordemos que él fue catedrático de nórdico antigüo entre 1926 y 1939 en Óxford (después de conseguir la cátedra de anglo sajón en 1925). Además, desde niño, según dice en su ensayo "Sobre los cuentos de hadas": «lo que por encima de todo prefería era el innominado Norte de Sigurd el völsungo y el príncipe de los dragones. Hacia esas regiones miraban con preferencia mis deseos». 

Tolkien sigue a los antiguos poetas eddaicos tanto en su metro, como su tema y estilo. Por eso a veces resulta difícil de comprender. Más que desplegar una secuencia narrativa prefiere capturar "momentos", situaciones, dramáticas y significativas. Es especialmente notable la reescritura del célebre Völuspá donde una vieja adivina canta la génesis y el fin del mundo (Ragnarök) seguido de la esperanza de un renacimiento. Dicha esperanza se basa en la aparición de un «inmortal que ha saboreado la muerte y ya no muerte, matador de la serpiente, semilla de Odín» (Upphaf, 14). La curiosa profecía parece reflejar algunos de los pasajes más misteriosos y debatidos de la Edda Mayor (Völuspá, 45 y Hyngluljód, 44) que muchos supusieron intromisiones cristianas, pero que en esta versión de Tolkien son claramente alusiones a Sigurd, el héroe de la balada (sin desconocer, por otro lado, que Sigurd es seguramente para Tolkien una de las figuras crísticas, semillas del Verbo, precursoras del Evangelium). 

Los que siguen de cerca la mitología personal de Tolkien no podrán evitar encontrar diversos elementos y personajes que, con otros nombres, ropajes e intenciones, poblarán dicha narrativa. Son como piedras de una antigua construcción con las que otro (nuestro autor) creará una una hermosa torre (una obra nueva). Esta alegoría la expuso en su ensayo “Beowulf, los monstruos y los críticos” como referida al autor anglosajón, pero es perfectamente aplicable a él mismo. Como puede suponerse, una mera constatación de este hecho no es realmente significativa, las piedras sueltas no nos dicen nada “realmente” valioso, lo importante es que desde aquella torre "se podía ver el mar". A pesar de ello no creo del todo inútil hacer un breve recuento de estas “piedras” de las antiguas sagas nórdicas que pasaron a formar parte del imaginario tolkiniano. Porque nos muestran que Tolkien, sin dejar de ser un escritor moderno de herencia romántica, es también un digno sucesor de los antiguos escaldas. 

Andvari y Otr parecen inspirar la figura de Gollum cazando peces para comer (tanto en su primera aparición en El Hobbit, como en el capítulo “El Estanque Vedado” de E.S.d.l.A.): «Las cascadas de Andvari / rebullían y murmuraban / rebosantes de peces / en los espumosos estanques. / Como barbo allí nadaba / en busca de presa, / el enano Andvari / surgido de su oscura caverna. // Allí cazaba el hambriento / retoño de Hreidmar: / los salmones plateados / dulces le parecían. / En forma de nutria / comía Otr parpadeando, / pensando en la orilla / de aguas negras» (Andvara-gull, 2 y 3). Incluso podemos ver las animalescas comparaciones con que se reviste siempre la figura de Gollum (aunque en el caso del mito nórdico Otr –cuyo nombre significa “nutria”- realmente se transformaba en una).

Andvari, negándose a entregar el anillo y maldiciéndolo, refleja la avaricia que corroe tanto a Gollum como a Bilbo tras haberlo poseído mucho tiempo: «Loki: -¿Qué oculta tu mano / que se ahueca de esa forma? / Andvari: -El anillo es pequeño... / ¡déjalo quedar conmigo! / Loki: -¡Todo, Andvari, entrégalo todo, / anillos livianos y pesados, / o la vida misma! // (El enano habló sombrío / desde su piedra excavada:) / Andvari: -¡Mi anillo maldeciré / con miseria y penalidad!» (Andvara-gull, 9 y 10). La misma avaricia aparece en Hreidmar que no quiere compartir su tesoro con sus hijos y en Fáfnir que lo asesina (tras lo cual se transforma en dragón): «Hreidmar: -Los anillos enlazados / tendré yo solo / ¡mientras yo siga con vida / no me dejarán nunca! // El corazón de Fáfnir / ferozmente dolía; / a Hredimar mató / dormido en su casa. / El corazón de Fáfnir / como un fuego arde: / ni parte ni porción / le paga a Regin. // Con aspecto de dragón / oscuramente yace: profundas mazmorras, y no conoce el miedo» (Regin, 12 y 13).

Fafnir, el “príncipe de los dragones” como lo llamó Tolkien, está en la génesis de varios dragones que pueblan el mito tolkiano, pero especialmente en la de Glaurung (por otra parte, en "Beowulf, los monstruos y los críticos" dice que Fafnir es el único dragón significativo -si se deja de lado el inmenso e impreciso Miðgardðsormr, que rodea el mundo-). Su astucia y malicia se vierten en cada una de sus palabras. Sigurd y Túrin los matarán recurriendo al mismo expediente: atacar su vientre desguarnecido cuando éste se desliza sobre una brecha en la roca. «El vientre negro / curvo y retorcido / sobre el oculto hueco / colgaba y resbalaba. // Gram fue empuñada; / resonando sombría / en la vetusta roca / su corazón perforó» (Regin, 27 y 28). 

El árbol blanco, símbolo de la dinastía real de Gondor, que crece en el atrio del palacio de Minas Tirith, puede tener un antecesor en el árbol que sostiene la casa de Völsung (y representa también el esplendor y decadencia de la “casa” o dinastía völsunga): «Un árbol allí se alzaba / alto y enramado, / sostenía esa casa, / el asombro del salón; / sus hojas sus tapices, / sus ramas vigas, / su poderoso tronco / en el centro se alzaba» (Signý, 4). «¡Los hombres descubrieron que aún vivía / el linaje de Völsung! / (...) / Pero la casa antaño alta / esatba hundida, sin techo; / las ramas se pudrían / en su árbol frondoso» (Gudrún, 27).

Mirkwood, el Bosque Negro, llamado Myrkviðr en la Edda Mayor, es como en la Tierra Media, la gran frontera que separa los pueblos libres de los grandes tiranos (Atli = Atila) del Este. «Junto al poderoso Mirkwood / en las marcas del Este / los grandes reyes godos / gobernaban con gloria. / Junto a las orillas del Danpar / era terrible la guerra / con las huestes de los hunos, / incontables jinetes» (Gudrún, 14). En esto coincide también la "Saga de Hervor", donde se dice «ese bosque llamado Mirkwood, que separa Hunland de Gothland» (c. 13). En cuanto al río Danpar suele asimilarse al río Dniéper que desemboca en el Mar negro y quizá sea inspiración para el Anduin, aunque lo mismo y quizá con más propiedad simbólica podría decirse del Danuvio, la gran frontera del Imperio Romano además del Rhin, pues la raíz indoeuropea "dan" (río) les es común (y aparece en muchos ríos desde Gran Bretaña hasta Rusia y Ucrania).

Odín recorre la historia entrando y saliendo de escena, siempre misterioso, interviniendo de formas significativas. Se hacer llamar Grímnir (el Enmascarado) y jamás se revela su verdadera identidad. Sin pasar por alto las numerosas diferencias, es uno de los antecedentes de Gandalf como personaje clave, yendo y viniendo para influenciar en el cumplimiento de la misión y destinos de los personajes. «Llega la noche lánguida; / surge el viento; / se abren las puertas, / el estruendo se silencia. / Allí entra un hombre, / de oscura capa, / hirsuta la barba, / grande y anciano» (Signý, 12). 

No podemos dejar de mencionar al gris Grani, el caballo de Sigurd, que desciende de Sleipnir el corcel de Odín, y es el caballo más poderoso. De él debió descender también el Sombragris de Gandalf, que a su vez descendía del mítico Felaróf de Eorl, que conocía el lenguaje de los hombres. «Del semental de Sleipnir, / corcel de Odín, / fue engendrado este caballo, / el más veloz, el más fuerte. / ¡Cabalga ahora! ¡Cabalga ahora! / ¡Rocas y montañas, / caballo y héroe, / esperanza de Odín!» (Regin, 24). ¿Cómo no sentir la emoción heroica de ese grito reflejada también en el “Noro lim, noro lim, Asfaloth!” con que se anima a correr a otro caballo célebre en el capítulo “Huyendo hacia el vado” de E.S.d.l.A.?

El amor incestuoso de Túrin y Nienor tiene su antecedente en el amor fugaz entre Sigmund y Signý, del que resultará el nacimiento de Sigurd. «Hermano y hermana / en una cama yacían, / ¡breve amor, amargo, / mezclado de repulsa! / Responde, habitante de la tierra, / ¿en tus brazos quién yace, / helada, encantada, / cambiada, con forma de elfa?» (Signý, 31). Por lo demás, el triste final de Gudrún semeja casi en todo el de Nienor: «En las olas se arrojó, / las olas la tomaron; / en las pálidas aguas / se ahogó su pena» (Guðrúnakviða en nýja, 165).

Aunque no parece tan seguro, la vida de proscrito de Túrin puede ser precedida de un pasaje similar en la vida de Sigmund y Sinfjötli: «Mucho vagaron, / envueltos en piel de lobo, / a hombres mataron, / a hombres robaron. / De día dormían / en oscura caverna / tras temibles hechos / de muerte en Gautland» (Signý, 36).

El “regalo de Grímnir”, es decir, la espada que Odín clavo en el árbol para que la retirara el mejor guerrero (probablemente el origen de la leyenda de Excalibur-en-la-piedra) tiene también su lugar en la nueva mitología de Tolkien. En primer lugar porque se trata de la herencia que pasará de Sigmund a Sigurd, mediante una reconstrucción, tal como los restos de la espada rota de Elendil, llamada Narsil se refundirán en una nueva espada llamada Anduril. Uno de los nombres escáldicos para espada es “llama” (así aparece varias veces en La nueva balada...), de ahí también el nombre de Narsil, que significa en sindarin “Llama del Oeste”. «Del regalo de Grímnir / guarda los framentos; / de los pedazos se formará / una brillante espada.» (Fœddr Sigurðr, 13). «Sigurd: -Sigrlinn, dime, / ¿la verdad se me dijo, / sobre los brillantes fragmentos / de la espada de Grímnir? / El hijo de Sigmund / los busca ahora... / ¡ahora a Gram Regin / sin engaños me forja! // La forja crepitaba, / ardía el fuego: / un acero le trajeron / de filos azules; / aleteaban con las llamas, / mientras destellaba cantando: / el yunque hendido / resonaba con fuerza» (Regin, 18 y 19).

Se habrá notado el curioso detalle de los “filos azules”, que parece ser evocado con fuerza de imagen mitológica en la luz azul que el acero élfico produce en la proximidad de los orcos. No parece improbable que los versos que expresan la idea del fulgor de la espada blandida en tiempo de guerra haya terminado produciendo aquella otra más mágica: «Siempre el regalo de Grímnir / brillaba en tiempo de guerra» (Dauði Sinfjötla, 3). Algo parecido podríamos decir respecto a la escena donde Sigmund enfrenta a Odín y éste lo derrota rompiendo la hoja de su espada. El poeta dice que la espada «cantó ante Odín... y cantando se quebró» (Fœddr Sigurðr, 8 y 9). Lo que nos recuerda a la espada Anglachel de Túrin que le habló antes de que se quitara la vida.

El viaje final (¿hacia el Oeste?), el viaje de la muerte, que aparece con tantísima frecuencia en la literatura tanto celta como nórdica, tiene también su expresión aquí, en el momento en que Sigmund entrega el cuerpo sin vida de su hijo Sinfjötli al misterioso barquero (no es otro que Odín) que lo transportará al Valhöll (El Palacio de los Caídos): «Henchido de pena / Sigmund lo alzó, / en sus brazos lo cogió: / salió fuera. / Por bosques y espesuras / hasta las olas espumosas / sin rumbo vagó / hasta las olas rugientes. // Barquero:- “¿Qué te trae / con tan pesad carga? / Mi barca está preparada / para llevarla”. Un hombre allí llegó / de oscura capa, / encapuchado y vetusto / grande y horrible. // Solo estaba Sigmund / junto al borde de la tierra...» (Dauði Sinfjötla, 11-13).

Finalmente mencionemos que así como el espíritu de Sigurd aguardará en Valhöll hasta la llegada del Ragnarök, cuando pueda volver a luchar y realizar la redención del mundo (cf. la teoría de Tolkien sobre el Evangelium previsto en los mitos), del mismo modo se dice de Túrin que su espíritu aguardará en las Estancias de Mandos hasta que llegue la Última Batalla (Dagor Dágorath) y pueda vengar a los hijo de Húrin dando muerte a Melkor, encarnación del mal. «Así pronto llegó Sigurd / portando la espada / al alegre Valhöll / para saludar a Odín. / Allí festeja / a la vera de su padre, / esperando la Guerra, / el elegido del Mundo. // (...) // En el día del Juicio / se alzará inmortal / quien saboreó la muerte / y no muere más, / matador de la serpiente, / semilla de Odín: / no todo terminará, / ni perecerá la Tierra» (Deild, 78 y 80).


viernes, 31 de marzo de 2017

Salir con Cristo del Laberinto



«Efectivamente, como los que, hallándose sin poder atravesar los recovecos de los laberintos, si dan con una persona experta en los mismos y la siguen en su marcha hacia atrás consiguen atravesar las complicadas y engañosas revueltas del edificio, y no lograrían atravesarlas si no fueran siguiendo las huellas del que guía, así también tú, piensa que el laberinto de esta vida sería imposible de atravesar por la naturaleza humana, si no se tomara el mismo camino por el cual salió del encierro el que estuvo en él.

Laberinto llamo, en sentido figurado, a la prisión sin salida de la muerte, donde fue encerrada la desventurada humanidad. Así pues, ¿qué hemos contemplado en el autor de nuestra salvación? Estado de muerte durante tres días, y vida nuevamente. Por tanto tenemos que imaginarnos también en nosotros algo semejante...»

San Gregorio de Nisa: La gran catequesis (XXXV,3 y 4)

lunes, 10 de octubre de 2016

Mito Verdad y Evangelio


Una brillante representación de lo que pudo haber sido la famosa conversación de C.S. Lewis (apodado "Jack") y J.R.R. Tolkien ("Tollers") en los jardines del Magdalen College. Los textos están tomados de diversas fuentes: las cartas de Tolkien, el poema Mitopoeia, el ensayo Sobre los Cuentos de Hadas. 


[Para ver los subtítulos, deben tener actividad la opción desde la página de Youtube. Seguir este procedimiento: click en la "ruedita" de Configuración que aparece debajo y a la derecha de la pantalla del video. Y allí, tildar la opción "Subtítulos".]

martes, 4 de octubre de 2016

Mitopoeia - Una aproximación (conferencia)

Aquí les comparto en cuatro secciones una conferencia sobre el poema capital de la poética de Tolkien "Mythopoeia" (cf. la entrada sobre dicho poema AQUÍ) a cargo del Pbro. Alexis Louvet (de la Arquidiócesis de Santa Fe de la Vera Cruz - Argentina) el día 22 de Septiembre de 2016:
 

martes, 15 de septiembre de 2015

Mitopoeia (Mythopoeia) de J.R.R. Tolkien

Un poema sobre el arte sub-creador, sobre el sentido de la "obsesión" humana por crear mitos. Una defensa de la fantasía poética contra la visión materialista y nihilista del mundo. De carácter poético-filosófico-teológico, puede considerarse una unidad con el ensayo del mismo autor "Sobre los cuentos de hadas" (cuya lectura recomiendo encarecidamente).

Aquí dejo la versión al castellano hecha por Alexis Lovet con la colaboración de Matías Vecino, teniendo como base las versiones de Julio César Santoyo y José M. Santamaría así como la de Rubi Brandigamo en: http://www.anarda.net/tolkien/mitopoeia.html

MITOPOEIA

A aquel que dice que los mitos son mentiras, y por tanto sin valor, aunque sean “soplados en trompetas de plata”.

Filomito a Misomito

Miras los árboles y así los denominas,
(los árboles son “árboles” y creciendo es “crecer”);
caminas por la tierra y hollas con paso solemne
uno de los muchos orbes menores del Espacio:
una estrella es una estrella, una esfera de materia
obligada a seguir matemáticas sendas
entre lo reglamentado, frío, vacío,
donde a cada instante átomos predestinados declinan.

Por mandato de una Voluntad que reverenciamos
(como debemos), pero que apenas comprendemos,
grandes procesos ocurren, el Tiempo se desenvuelve
desde oscuros principios hasta metas inciertas;
y como en un palimpsesto sin clave
con letras y pinturas de variados matices,
innumerable multitud de formas aparece
ora torvas, ora delicadas, unas bellas, otras raras,
extrañas entre sí, pero descendientes de un
remoto Origo, mosquito, hombre, piedra y sol.

Dios hizo las pétreas piedras, los arbóreos árboles,
la telúrica tierra, las estelares estrellas, y esos
homúnculos hombres que caminan por el suelo
con nervios que estremece el contacto de la luz y el sonido. 
Los movimientos del mar, el viento en las ramas,
la hierba verde, la lenta singularidad de las vacas,
el trueno y el relámpago, pájaros que giran y gritan,
el barro que sale del barro a vivir y a morir,
cada cual se registra debidamente y se graba
en los pliegues cerebrales con marcas distintas.

Mas los árboles no son “árboles” hasta que se los nombra y contempla,
y nunca se los llamó así hasta que hubo aquellos
que desplegaron el intrincado aliento del lenguaje,
débil eco y borrosa imagen del mundo,
pero ningún registro ni fotografía,
siendo adivinación, juicio y risa,
responde a aquellos cuyo interior agitan
hondos movimientos admonitorios, emparentados
con la vida y la muerte de árboles, bestias, estrellas:
cautivos libres que socavan barrotes sombríos,
escavando lo conocido por experiencia
y extrayendo la vena del espíritu a partir del sentido.
Grandes poderes sacan lentamente de sí mismos,
y mirando atrás contemplan a los elfos
que trabajan en las sutiles forjas de la mente,
y luz y oscuridad entretejidas en telares secretos.

No ve las estrellas quien no las ve ante todo
hechas de plata viva que estalla de pronto
en llamas como flores, en una antigua canción,
cuyo eco tras la música
hace mucho tiempo persigue.  No hay firmamento,
un mero vacío, si no  es una tienda enjoyada
tejida de mitos y adornada por elfos; y ninguna tierra,
si no es el vientre materno donde todo tiene nacimiento.

El corazón del hombre no está hecho de engaños,
y obtiene sabiduría del único que es Sabio,
y todavía lo invoca.  Aunque ahora exiliado,
el hombre no se ha perdido ni del todo ha cambiado. 
Quizá ha perdido la Gracia, pero no ha sido destronado,
y aún conserva los harapos de su señorío,
su dominio del mundo por el acto creativo:
No es suyo adorar al gran Artefacto.
Hombre, Sub-creador, la luz refractada
a través de quien se fragmenta un único Blanco
en numerosos matices que se combinan sin fin
en formas vivas que van de mente en mente.
Aunque hallamos llenado todas las grietas del mundo
con elfos y duendes, aunque nos atrevimos a fabricar
Dioses y sus casas de oscuridad y de luz,
y hallamos sembrado semillas de dragones, era nuestro derecho
(usado bien o mal). El derecho no ha decaído.
Creamos todavía por la ley en la que fuimos creados.

¡Sí! ¡Hilamos “sueños de deseos cumplidos”, para engañar
nuestros tímidos corazones y derrotar el feo Hecho !
¿De dónde viene el deseo y de dónde el poder de soñar
y el de juzgar que unas cosas son hermosas y otras feas?
No todos los deseos son ociosos, ni en vano
soñamos su cumplimiento— pues el dolor es dolor,
no se desea por sí mismo, es una enfermedad,
que fortalece o subyuga la voluntad
en igual desgracia. Y sólo esto del Mal
es terriblemente cierto: que es Mal. 

Benditos los corazones tímidos que el mal odia,
que tiemblan bajo su sombra pero aún le cierran la puerta;
no buscan negociar, y en un aposento resguardado,
aunque pequeño y sencillo, sobre un rústico telar
tejen telas doradas para el lejano día
en el que esperan y creen bajo el imperio de la Sombra.

Benditos los hombres de la raza de Noé que construyeron
sus pequeñas arcas, aunque frágiles y pobremente provistas,
y con vientos contrarios avanzan hacia un fantasma,
hacia el rumor de un puerto que prevé la fe.

Benditos los creadores de leyendas con sus rimas
sobre cosas que no se encuentran en el registro del tiempo.
No son ellos quienes olvidaron la Noche,
o nos invitan a huir hacia los deleites organizados
en islas-loto de bendición económica
almas perjuras por ganar un beso de Circe
(y como imitación, producido a máquina,
la falsa seducción del dos veces seducido).
Aquellas islas divisaron a lo lejos, y otras aún más preciosas,
y aquellos que oyen de ellas deben aún tener cuidado.
Ellos han visto la Muerte y la última derrota,
y no obstante no retroceden desesperados,
pues a menudo a la victoria han vuelto la lira
y a amables corazones de fuego legendario,
iluminando el Ahora y oscuros días que Han sido
con luz de soles como aún ningún hombre ha visto.

Quisiera poder cantar con los trovadores
y evocar lo no visto con un tañido de cuerda.
Quisiera estar con los marineros del mar profundo
que sus esbeltas tablas cortan en escarpadas montañas
y viajan en una misión vaga y errante,
pues algunos han pasado más allá del legendario Occidente.
Quisiera ser contado entre los locos bajo asedio
que guardan la fortaleza interior donde su oro,
sucio y escaso, aún conservan lealmente,
para acuñar la vaga imagen de un rey lejano,
o en banderas fantásticas tejer los brillantes
emblemas heráldicos de un señor aún no visto.

No quiero caminar con vuestros monos evolucionados,
erecto y sapiente. Ante ellos se abre
el abismo oscuro adonde su progreso lleva
si por misericordia de Dios el progreso termina,
y no vuelve incesantemente al mismo
curso estéril cambiándole el nombre.
No quiero avanzar por ese camino chato y polvoriento,
señalando esto y aquello como “esto” y “aquello”,
vuestro mundo inmutable donde no tiene parte
el pequeño creador en el arte de crear.
No me inclinaré delante de la Corona de Hierro,
ni dejaré caer mi propio pequeño cetro dorado.

Quizá en el Paraíso el ojo se extravíe
con la contemplación del Día imperecedero
para ver el día iluminado, y renovar
con la verdad reflejada el retrato de la Verdad.
Entonces al ver la Tierra Bendecida verá
que todo es como es, y sin embargo ha sido liberado: 
La salvación no cambia ni destruye
ni al jardín ni al jardinero, ni a los niños ni a sus juguetes.
El Mal ya no se verá, pues el mal no reside
en el cuadro de Dios sino en el ojo torcido,
ni en la fuente sino en la elección maliciosa,
ni en el sonido sino en la voz desentonada.
En el Paraíso ya no se verán fuera de lugar;
y aunque creen cosas nuevas no harán mentiras.
Seguramente todavía crearán, pues no habrán muerto,
y habrá llamas en las cabezas de los poetas
 y arpas donde caerán precisos los dedos:
 allí cada uno elegirá para siempre del Todo.


MYTHOPOEIA


To one who said that myths were lies and therefore worthless, even though 'breathed through silver'.

Philomythus to Misomythus

You look at trees and label them just so,
(for trees are 'trees', and growing is 'to grow');
you walk the earth and tread with solemn pace
one of the many minor globes of Space:
a star's a star, some matter in a ball
compelled to courses mathematical
amid the regimented, cold, inane,
where destined atoms are each moment slain.

At bidding of a Will, to which we bend
(and must), but only dimly apprehend,
great processes march on, as Time unrolls
from dark beginnings to uncertain goals;
and as on page o'erwritten without clue,
with script and limning packed of various hue,
an endless multitude of forms appear,
some grim, some frail, some beautiful, some queer,
each alien, except as kin from one
remote Origo, gnat, man, stone, and sun.

God made the petreous rocks, the arboreal trees,
tellurian earth, and stellar stars, and these
homuncular men, who walk upon the ground
with nerves that tingle touched by light and sound.
The movements of the sea, the wind in boughs,
green grass, the large slow oddity of cows,
thunder and lightning, birds that wheel and cry,
slime crawling up from mud to live and die,
these each are duly registered and print
the brain's contortions with a separate dint.

Yet trees are not 'trees', until so named and seen
and never were so named, till those had been
who speech's involuted breath unfurled,
faint echo and dim picture of the world,
but neither record nor a photograph,
being divination, judgement, and a laugh
response of those that felt astir within
by deep monition movements that were kin
to life and death of trees, of beasts, of stars:
free captives undermining shadowy bars,
digging the foreknown from experience
and panning the vein of spirit out of sense.
Great powers they slowly brought out of themselves
and looking backward they beheld the elves
that wrought on cunning forges in the mind,
and light and dark on secret looms entwined.

He sees no stars who does not see them first
of living silver made that sudden burst
to flame like flowers beneath an ancient song,
whose very echo after-music long
has since pursued. There is no firmament,
only a void, unless a jewelled tent
myth-woven and elf-patterned; and no earth,
unless the mother's womb whence all have birth.

The heart of Man is not compound of lies,
but draws some wisdom from the only Wise,
and still recalls him. Though now long estranged,
Man is not wholly lost nor wholly changed.
Dis-graced he may be, yet is not dethroned,
and keeps the rags of lordship once he owned,
his world-dominion by creative act:
not his to worship the great Artefact,
Man, Sub-creator, the refracted light
through whom is splintered from a single White
to many hues, and endlessly combined
in living shapes that move from mind to mind.
Though all the crannies of the world we filled
with Elves and Goblins, though we dared to build
Gods and their houses out of dark and light,
and sowed the seed of dragons, 'twas our right
(used or misused). The right has not decayed.
We make still by the law in which we're made.

Yes! 'wish-fulfilment dreams' we spin to cheat
our timid hearts and ugly Fact defeat!
Whence came the wish, and whence the power to dream,
or some things fair and others ugly deem?
All wishes are not idle, nor in vain
fulfilment we devise -- for pain is pain,
not for itself to be desired, but ill;
or else to strive or to subdue the will
alike were graceless; and of Evil this
alone is deadly certain: Evil is.

Blessed are the timid hearts that evil hate
that quail in its shadow, and yet shut the gate;
that seek no parley, and in guarded room,
though small and bate, upon a clumsy loom
weave tissues gilded by the far-off day
hoped and believed in under Shadow's sway.

Blessed are the men of Noah's race that build
their little arks, though frail and poorly filled,
and steer through winds contrary towards a wraith,
a rumour of a harbour guessed by faith.

Blessed are the legend-makers with their rhyme
of things not found within recorded time.
It is not they that have forgot the Night,
or bid us flee to organized delight,
in lotus-isles of economic bliss
forswearing souls to gain a Circe-kiss
(and counterfeit at that, machine-produced,
bogus seduction of the twice-seduced).
Such isles they saw afar, and ones more fair,
and those that hear them yet may yet beware.
They have seen Death and ultimate defeat,
and yet they would not in despair retreat,
but oft to victory have tuned the lyre
and kindled hearts with legendary fire,
illuminating Now and dark Hath-been
with light of suns as yet by no man seen.

I would that I might with the minstrels sing
and stir the unseen with a throbbing string.
I would be with the mariners of the deep
that cut their slender planks on mountains steep
and voyage upon a vague and wandering quest,
for some have passed beyond the fabled West.
I would with the beleaguered fools be told,
that keep an inner fastness where their gold,
impure and scanty, yet they loyally bring
to mint in image blurred of distant king,
or in fantastic banners weave the sheen
heraldic emblems of a lord unseen.

I will not walk with your progressive apes,
erect and sapient. Before them gapes
the dark abyss to which their progress tends
if by God's mercy progress ever ends,
and does not ceaselessly revolve the same
unfruitful course with changing of a name.
I will not treat your dusty path and flat,
denoting this and that by this and that,
your world immutable wherein no part
the little maker has with maker's art.
I bow not yet before the Iron Crown,
nor cast my own small golden sceptre down.

In Paradise perchance the eye may stray
from gazing upon everlasting Day
to see the day illumined, and renew
from mirrored truth the likeness of the True.
Then looking on the Blessed Land 'twill see
that all is as it is, and yet made free:
Salvation changes not, nor yet destroys,
garden nor gardener, children nor their toys.
Evil it will not see, for evil lies
not in God's picture but in crooked eyes,
not in the source but in malicious choice,
and not in sound but in the tuneless voice.
In Paradise they look no more awry;
and though they make anew, they make no lie.
Be sure they still will make, not being dead,
and poets shall have flames upon their head,
and harps whereon their faultless fingers fall:
there each shall choose forever from the All.