sábado, 27 de junio de 2020

Un tópico virgiliano en "El Señor de los Anillos"


La obra "El Señor de los Anillos", de J. R. R. Tolkien, puede describirse como una sucesión de despedidas, de partidas irrevocables. El sentimiento predominante es la nostalgia, y parece evocar la experiencia de las sucesivas pérdidas en que consiste la vida misma. La metáfora de la vida como una navegación, como un tránsito constante, es común a varias culturas. En occidente el modelo clásico es el desarrollado en la Odisea, y su eco latino en los primeros cantos de la Eneida. Virgilio, subrayando el sentido de pérdida asociado a esta imagen, esculpe un verso admirable:

«Provehimur portu, terraeque urbesque recedunt.» (Eneid. III, 72)

«Salimos del puerto y se alejan las tierras y las ciudades.»

La ilusión del retroceso de la costa (vista desde el punto de vista de los que navegan alejándose de ella) expresada en dicho verso, se vuelve una metáfora visual del sentimiento de angustia ante el fluir del tiempo y la fugacidad de la vida.
En este sentido será citado por Séneca en sus Cartas morales a Lucilo (Epístola LXX):

«Praenavigavimus, Lucili, vitam et quemadmodum in mari, ut ait Vergilius noster: terraeque urbesque recedunt, sic in hoc cursu rapidissimi temporis primum pueritiam abscondimus, deinde adulescentiam...»

«Navegamos en la vida, Lucilo, y de las misma manera que en el mar, como dice nuestro Virgilio: “las tierras y las ciudades se alejan” así también en la rápida carrera del tiempo, vemos retroceder primeramente la infancia, después la juventud...»

Cuando en el capítulo Adiós a Lórien (ESdlA, L. II, cap. 8) Tolkien describe la despedida del país de los elfos, lo hace recurriendo a la misma imagen y reformulando el simbolismo apuntado por Séneca:

«Los viajeros estaban sentados y no hablaban ni se movían. De pie sobre la hierba verde, en la punta misma de la Lengua, la figura de la Dama Galadriel se erguía solitaria y silenciosa. Cuando pasaron ante ella los viajeros se volvieron y miraron cómo iba alejándose lentamente sobre las aguas. Pues así les parecía: Lórien se deslizaba hacia atrás como una nave brillante que tenía como mástiles unos árboles encantados; se alejaba navegando hacia costas olvidadas, mientras que ellos se quedaban allí, descorazonados, a orillas de un mundo deshojado y gris.»

Enfatizando aún más el sentimiento de pérdida, refiriéndose a la Dama Galadriel, acumula metáforas de objetos brillantes en la lejanía:

«Miraban aún cuando el Cauce de Plata desapareció en las aguas del Río Grande, y las embarcaciones viraron y fueron hacia el sur. La forma blanca de la Dama fue pronto distante y pequeña. Brillaba como el cristal de una ventana a la luz del sol poniente en una lejana colina, o como un lago remoto visto desde una cima montañosa: un cristal caído en el regazo de la tierra.»

Y un poco después, como lo hace reiteradamente a lo largo del relato, nos asegura que el protagonista no volverá a ver jamás ese mundo de belleza perdida en el tiempo:

«De pronto el río describió una curva y las orillas se elevaron a los lados, ocultando la luz de Lórien. Frodo no vería nunca más aquel hermoso país.»

Este capítulo y los dos anteriores contienen varias referencias a los elfos y su país como un lugar que es en sí mismo un eco del pasado. Una nostalgia tal, transmitida por las obras de la literatura antigua referente al mundo feérico, ha sido objeto de la atención de Tolkien en muchas ocasiones en sus estudios. Así parece hacerlo constar en el presente capítulo, refiriendo a como “los hombres de tiempos ulteriores” vieron a los elfos:

«Frodo comió y bebió poco, atento sólo a la belleza de la Dama y a su voz... La veía ya como los hombres de tiempos ulteriores vieron a los elfos: presentes y sin embargo remotos, una visión animada de aquello que la corriente incesante del Tiempo había dejado atrás.»

Sin poder asegurar la influencia de la cita virgiliana en la génesis de este pasaje de la epopeya de “El Señor de los Anillos”, nos parece oportuno apuntarla como eminentemente plausible. Muchas veces se hace referencia a las influencias nórdicas en la obra de Tolkien. Quizás sea necesario también profundizar en las fuentes latinas y griegas que no le fueron tampoco extrañas.

jueves, 22 de agosto de 2019

La Celda de Alcuino

¡Oh mi amada celda, dulce morada mía,
para siempre, oh celda mía, te digo adiós!
Por una y otra parte los árboles te ciñen con sus resonantes ramas,
un pequeño bosque de follaje siempre florido.
Todos los prados florecerán con hierbas sanadoras,
que la mano del médico busca para el arte de curar.
Los ríos te rodean con sus floridas riberas,
donde el pescador arroja su red dando voces de alegría.
Desde los huertos, las ramas cargadas de frutos perfuman tus claustros,
y los lirios blancos se mezclan con las pequeñas rosas rojas.
Toda clase de aves cantan las odas matutinas,
y alaban al creador en presencia de Dios.
En ti resonó en otro tiempo la voz nutricia del maestro (1),
que transmitía con su boca sagrada los libros de la sabiduría.
En ti antaño las santas alabanzas del Tonante [Dios]
cantaron pacíficas voces y almas.
A ti, celda mía, te lloro con versos lacrimosos,
y con el corazón gimiente lloro tu caída.
Porque de pronto has huido de los cantos de los poetas,
y una mano desconocida te posee ahora.
Ya no te habitará Flacco (2) ni el poeta Homero,
ni cantarán los niños a las musas sobre tus techos.
Pues todo el esplendor del mundo se deshace de repente
y son trastornadas todas las jerarquías.
Nada permanece para siempre, nada en verdad es inmutable.
La tenebrosa noche oscurece al sagrado día,
una fría súbita tormenta abate las hermosas flores,
y un viento más funesto perturba el plácido mar.
La sagrada juventud que perseguía ciervos en los campos,
se apoya ahora cansada y anciana en su bastón.
¡Pobres de nosotros! ¿por qué te amamos, fugitivo mundo?
Tu siempre huyes de nosotros, corriendo por doquier.
Huyas a donde huyas, amemos siempre a Cristo.
Sostenga siempre el amor de Dios nuestros corazones.
Él defienda, bondadoso, a sus siervos del enemigo,
y arrebate nuestros corazones, que son suyos, al cielo.
Con todo el corazón por igual alabemos y amemos
al que, bondadoso, es nuestra gloria, vida y salvación.


En el 782 Alcuino, que contaba con unos 47 años, fue mandado llamar por Carlomagno para que dirigiera la escuela del palacio en Aquisgran (de lo que resultaría el modelo de la educación occidental casi hasta la actualidad). Alcuino era diácono y había vivido unido a la escuela benedictina de York (aunque no hay indicios de que haya hecho votos, vivió como consagrado). El presente poema expresa la nostalgia por el mundo que está dejando: no sólo su celda de estudio y oración, sino toda York y su vida bucólica.


1 – “La voz nutricia del maestro” se refiere probablemente a su querido maestro y obispo Ælberht, que poco antes de morir dedicó la iglesia de York, inusualmente, a la Santa Sabiduría.

2 – “Flacco” es él mismo, bautizado Flaccus Alcuinus Albinus (aunque por una ambigüedad deliberada también pueda referirse al poeta latino Horacio).


CELLA ALCUINI

O mea cella, mihi habitatio dulcis, amata,
semper in aeternum, o mea cella, vale.
Undique te cingit ramis resonantibus arbos,
silvula florigeris semper onusta comis.
Prata salutiferis florebunt omnia et herbis,
quas medici quaerit dextra salutis ope.
Flumina te cingunt florentibus undique ripis,
retia piscator qua sua tendit ovans.
Pomiferis redolent ramis tua claustra per hortos,
lilia cum rosulis candida mixta rubris.
Omne genus volucrum matutinas personat odas,
atque creatorem laudat in ore deum.
In te personuit quondam vox alma magistri,
quae sacro sophiae tradidit ore libros.
In te temporibus certis laus sancta tonantis
pacificis sonuit vocibus atque animis.
Te, mea cella, modo lacrimosis plango camenis,
atque gemens casus pectore plango tuos.
Tu subito quoniam fugisti carmina vatum,
atque ignota manus te modo tota tenet.
Te modo nec Flaccus nec vatis Homerus habebit,
nec pueri musas per tua tecta canunt.
Vertitur omne decus secli sic namque repente
omnia mutantur ordinibus variis.
Nil manet aeternum, nihil immutabile vere est.
Obscurat sacrum nox tenebrosa diem,
decutit et flores subito hiems frigida pulcros,
perturbat placidum et tristior aura mare.
Quae campis cervos agitabat sacra iuventus
incumbit fessus nunc baculo senior.
Nos miseri, cur te fugitivum, mundus, amamus?
Tu fugis a nobis semper ubique ruens.
Tu fugiens fugias, Christum nos semper amemus.
Semper amor teneat pectora nostra dei.
Ille pius famulos diro defendat ab hoste
ad caelum rapiens pectora nostra, suos.
Pectore quem pariter toto laudemus, amemus.
Nostra est ille pius gloria, vita, salus.

lunes, 29 de julio de 2019

Ellos también giran

Pieter Bruegel: Danza en boda campesina, c.1607

Ellos también giran
(de Paul Mariani)

En “Cuadros de Brueghel” de Williams (1) giran
y giran, esos campesinos aporreando el suelo
con sus zuecos y sus botas al son
de los violines y sacabuches. Cierto, nada profundo

hay allí, solo una divertida danza de verano con
robustos varones y hembras, rostros sudorosos captados
en un momento a la vez cómico y triste. Pero no nos hemos pensado
con nuestras propias vidas dando vueltas y vueltas

en el tiempo, rodando, rondando, la mano izquierda unida
a la derecha, hasta parecerse a la rueda de las estrellas
en su propia solemne danza circular, oscilando
como un corro alrededor de un invisible árbol de mayo, en su centro

una bendita danza anular, tal como Fra Angelico
revela en su “Juicio” (2): ese coro angélico contemplando dentro
de tu alma, así como otros levantan la mirada hacia el brillo radiante
del momento de la gran mudanza, ahora y para siempre, lara-lara-lo.

¿Recuerdas la Vuelta al Mundo de las Tullerías (3), largos años
atrás? ¿El miedo que sentías al mirar abajo en la oscuridad? ¿O el bloqueo
de tu volante, como si lo hubiese aferrado un ángel, cuando aquel auto
se dirigía hacia ti antes de que de alguna manera se desviara? ¿El puro

terror de ese momento, y luego el pasmo y el alivio? ¿O el camión
que se abrió paso hasta el auto de tu pobre madre, y el horrendo ruido
cuando aplastó su puerta? ¡Oh Dios, la ronda de los días, destinados
al olvido, las horas y los minutos girando y girando,

recordándonos diariamente lo que debe venir al final. Timor
mortis conturbat me (4), canta la vieja canción, repitiendo el miedo
que envuelve y desenvuelve. ¡Ah, pero mira! Mira hacia donde alzan la vista:
esos bienaventurados, danzando y girando en el círculo de la alabanza.

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1. “Cuadros de Brueghel” es un poemario de William Carlos Williams (premio Pulitzer 1962) inspirado en los cuadros del gran pintor flamenco del siglo XVI.

2. El “Juicio” de Fra Angelico, se refiere a la representación del Juicio Final que pintó en el siglo XV el célebre dominico Beato Fray Angélico en Florencia.

3. La Vuelta al Mundo (la Grande Roue -rueda o noria-) de las Tullerías, se refiere a la atracción emplazada en la Plaza de la Concordia, en Paris.

4. Timor Domini corturbat me (el temor del Señor me turba) es una frase del oficio de difuntos. Aparece también en el “Lamento de Makaris” de William Dunbar c. 1505 (probablemente es la “vieja canción” a la que se refiere el poema de Mariani) que evoca la danza macabra o danza de la muerte, y lleva por estribillo la expresión en cuestión.

Fra Angelico: Juicio final (detalle), 1425-1430

They Too Go Round
(Paul Mariani)

In Williams’ Pictures from Brueghel they go round
and around, those peasants pounding the ground
with their clogs and their boots to the sound
of the fiddles and sackbuts. True, nothing profound

there, just a rollicking midsummer dance with the stout-
rumped male and female, those suds-sodden faces caught
in a moment both comic and sad. But haven’t we all thought
of ourselves our own lives circling round and about

in time’s turning, atuning, aturning, left hand
and right reaching out in a wheel like the spheres
in their own solemn round dance, pivoting round
like wheels circling some invisible maypole, at its center

a ringdance of the blessèd, the way Fra Angelico
reveals in his Judgment, that angelic choir gazing as if into
your soul as others gaze upward, the radiant glow
of that sea-changing moment, now and forever, hoy hoya ho.

Remember the wheel at the Tuileries those long years
ago? The fear as you stared down into the dark? Or your steer-
ing wheel locking, as if gripped by some angel, that car
heading for you before it somehow veered off? The sheer

terror of that, then the awe and relief? Or the truck pound-
ing its way into your poor mother’s car, the sick sound
as it shredded the door? Oh God, the round of the days, each bound
for oblivion, the hours and minutes going round and around,

reminding us daily of what must come in the end. Timor
mortis conturbat me, sings the old song, replaying the fear
that winds and unwinds. Ah, but look! Look as upward they gaze:
those blessèd, dancing round and around in that circle of praise.

sábado, 29 de diciembre de 2018

La Leyenda de Sigurd y Gudrún y su influencia en la Mitología de Tolkien



Notas sobre “La nueva balada de los völsungos” (Völsungakviða en nýja) y “La nueva balada de Gudrún” (Guðrúnarkviða en nýja) escritas por J.R.R. Tolkien reunidas en un volumen bajo el título de "La Leyenda de Sigurd y Gudrún":


En estas dos obras Tolkien recrea las baladas sobre los völsungos que aparecen en la Edda Poética (llamada también Edda Mayor), fuente principal de la mitología nórdica. Recordemos que él fue catedrático de nórdico antigüo entre 1926 y 1939 en Óxford (después de conseguir la cátedra de anglo sajón en 1925). Además, desde niño, según dice en su ensayo "Sobre los cuentos de hadas": «lo que por encima de todo prefería era el innominado Norte de Sigurd el völsungo y el príncipe de los dragones. Hacia esas regiones miraban con preferencia mis deseos»

Tolkien sigue a los antiguos poetas eddaicos tanto en su metro, como su tema y estilo. Por eso a veces resulta difícil de comprender. Más que desplegar una secuencia narrativa prefiere capturar "momentos", situaciones, dramáticas y significativas. Es especialmente notable la reescritura del célebre Völuspá donde una vieja adivina canta la génesis y el fin del mundo (Ragnarök) seguido de la esperanza de un renacimiento. Dicha esperanza se basa en la aparición de un «inmortal que ha saboreado la muerte y ya no muerte, matador de la serpiente, semilla de Odín» (Upphaf, 14). La curiosa profecía parece reflejar algunos de los pasajes más misteriosos y debatidos de la Edda Mayor (Völuspá, 45 y Hyngluljód, 44) que muchos supusieron intromisiones cristianas, pero que en esta versión de Tolkien son claramente alusiones a Sigurd, el héroe de la balada (sin desconocer, por otro lado, que Sigurd es seguramente para Tolkien una de las figuras crísticas, semillas del Verbo, precursoras del Evangelium). 

Los que siguen de cerca la mitología personal de Tolkien no podrán evitar encontrar diversos elementos y personajes que, con otros nombres, ropajes e intenciones, poblarán dicha narrativa. Son como piedras de una antigua construcción con las que otro (nuestro autor) creará una una hermosa torre (una obra nueva). Esta alegoría la expuso en su ensayo “Beowulf, los monstruos y los críticos” como referida al autor anglosajón, pero es perfectamente aplicable a él mismo. Como puede suponerse, una mera constatación de este hecho no es realmente significativa, las piedras sueltas no nos dicen nada “realmente” valioso, lo importante es que desde aquella torre "se podía ver el mar". A pesar de ello no creo del todo inútil hacer un breve recuento de estas “piedras” de las antiguas sagas nórdicas que pasaron a formar parte del imaginario tolkiniano. Porque nos muestran que Tolkien, sin dejar de ser un escritor moderno de herencia romántica, es también un digno sucesor de los antiguos escaldas. 

Andvari y Otr parecen inspirar la figura de Gollum cazando peces para comer (tanto en su primera aparición en El Hobbit, como en el capítulo “El Estanque Vedado” de E.S.d.l.A.): «Las cascadas de Andvari / rebullían y murmuraban / rebosantes de peces / en los espumosos estanques. / Como barbo allí nadaba / en busca de presa, / el enano Andvari / surgido de su oscura caverna. // Allí cazaba el hambriento / retoño de Hreidmar: / los salmones plateados / dulces le parecían. / En forma de nutria / comía Otr parpadeando, / pensando en la orilla / de aguas negras» (Andvara-gull, 2 y 3). Incluso podemos ver las animalescas comparaciones con que se reviste siempre la figura de Gollum (aunque en el caso del mito nórdico Otr –cuyo nombre significa “nutria”- realmente se transformaba en una).

Andvari, negándose a entregar el anillo y maldiciéndolo, refleja la avaricia que corroe tanto a Gollum como a Bilbo tras haberlo poseído mucho tiempo: «Loki: -¿Qué oculta tu mano / que se ahueca de esa forma? / Andvari: -El anillo es pequeño... / ¡déjalo quedar conmigo! / Loki: -¡Todo, Andvari, entrégalo todo, / anillos livianos y pesados, / o la vida misma! // (El enano habló sombrío / desde su piedra excavada:) / Andvari: -¡Mi anillo maldeciré / con miseria y penalidad!» (Andvara-gull, 9 y 10). La misma avaricia aparece en Hreidmar que no quiere compartir su tesoro con sus hijos y en Fáfnir que lo asesina (tras lo cual se transforma en dragón): «Hreidmar: -Los anillos enlazados / tendré yo solo / ¡mientras yo siga con vida / no me dejarán nunca! // El corazón de Fáfnir / ferozmente dolía; / a Hredimar mató / dormido en su casa. / El corazón de Fáfnir / como un fuego arde: / ni parte ni porción / le paga a Regin. // Con aspecto de dragón / oscuramente yace: profundas mazmorras, y no conoce el miedo» (Regin, 12 y 13).

Fafnir, el “príncipe de los dragones” como lo llamó Tolkien, está en la génesis de varios dragones que pueblan el mito tolkiano, pero especialmente en la de Glaurung (por otra parte, en "Beowulf, los monstruos y los críticos" dice que Fafnir es el único dragón significativo -si se deja de lado el inmenso e impreciso Miðgardðsormr, que rodea el mundo-). Su astucia y malicia se vierten en cada una de sus palabras. Sigurd y Túrin los matarán recurriendo al mismo expediente: atacar su vientre desguarnecido cuando éste se desliza sobre una brecha en la roca. «El vientre negro / curvo y retorcido / sobre el oculto hueco / colgaba y resbalaba. // Gram fue empuñada; / resonando sombría / en la vetusta roca / su corazón perforó» (Regin, 27 y 28). 

El árbol blanco, símbolo de la dinastía real de Gondor, que crece en el atrio del palacio de Minas Tirith, puede tener un antecesor en el árbol que sostiene la casa de Völsung (y representa también el esplendor y decadencia de la “casa” o dinastía völsunga): «Un árbol allí se alzaba / alto y enramado, / sostenía esa casa, / el asombro del salón; / sus hojas sus tapices, / sus ramas vigas, / su poderoso tronco / en el centro se alzaba» (Signý, 4). «¡Los hombres descubrieron que aún vivía / el linaje de Völsung! / (...) / Pero la casa antaño alta / esatba hundida, sin techo; / las ramas se pudrían / en su árbol frondoso» (Gudrún, 27).

Mirkwood, el Bosque Negro, llamado Myrkviðr en la Edda Mayor, es como en la Tierra Media, la gran frontera que separa los pueblos libres de los grandes tiranos (Atli = Atila) del Este. «Junto al poderoso Mirkwood / en las marcas del Este / los grandes reyes godos / gobernaban con gloria. / Junto a las orillas del Danpar / era terrible la guerra / con las huestes de los hunos, / incontables jinetes» (Gudrún, 14). En esto coincide también la "Saga de Hervor", donde se dice «ese bosque llamado Mirkwood, que separa Hunland de Gothland» (c. 13). En cuanto al río Danpar suele asimilarse al río Dniéper que desemboca en el Mar negro y quizá sea inspiración para el Anduin, aunque lo mismo y quizá con más propiedad simbólica podría decirse del Danuvio, la gran frontera del Imperio Romano además del Rhin, pues la raíz indoeuropea "dan" (río) les es común (y aparece en muchos ríos desde Gran Bretaña hasta Rusia y Ucrania).

Odín recorre la historia entrando y saliendo de escena, siempre misterioso, interviniendo de formas significativas. Se hacer llamar Grímnir (el Enmascarado) y jamás se revela su verdadera identidad. Sin pasar por alto las numerosas diferencias, es uno de los antecedentes de Gandalf como personaje clave, yendo y viniendo para influenciar en el cumplimiento de la misión y destinos de los personajes. «Llega la noche lánguida; / surge el viento; / se abren las puertas, / el estruendo se silencia. / Allí entra un hombre, / de oscura capa, / hirsuta la barba, / grande y anciano» (Signý, 12). 

No podemos dejar de mencionar al gris Grani, el caballo de Sigurd, que desciende de Sleipnir el corcel de Odín, y es el caballo más poderoso. De él debió descender también el Sombragris de Gandalf, que a su vez descendía del mítico Felaróf de Eorl, que conocía el lenguaje de los hombres. «Del semental de Sleipnir, / corcel de Odín, / fue engendrado este caballo, / el más veloz, el más fuerte. / ¡Cabalga ahora! ¡Cabalga ahora! / ¡Rocas y montañas, / caballo y héroe, / esperanza de Odín!» (Regin, 24). ¿Cómo no sentir la emoción heroica de ese grito reflejada también en el “Noro lim, noro lim, Asfaloth!” con que se anima a correr a otro caballo célebre en el capítulo “Huyendo hacia el vado” de E.S.d.l.A.?

El amor incestuoso de Túrin y Nienor tiene su antecedente en el amor fugaz entre Sigmund y Signý, del que resultará el nacimiento de Sigurd. «Hermano y hermana / en una cama yacían, / ¡breve amor, amargo, / mezclado de repulsa! / Responde, habitante de la tierra, / ¿en tus brazos quién yace, / helada, encantada, / cambiada, con forma de elfa?» (Signý, 31). Por lo demás, el triste final de Gudrún semeja casi en todo el de Nienor: «En las olas se arrojó, / las olas la tomaron; / en las pálidas aguas / se ahogó su pena» (Guðrúnakviða en nýja, 165).

Aunque no parece tan seguro, la vida de proscrito de Túrin puede ser precedida de un pasaje similar en la vida de Sigmund y Sinfjötli: «Mucho vagaron, / envueltos en piel de lobo, / a hombres mataron, / a hombres robaron. / De día dormían / en oscura caverna / tras temibles hechos / de muerte en Gautland» (Signý, 36).

El “regalo de Grímnir”, es decir, la espada que Odín clavo en el árbol para que la retirara el mejor guerrero (probablemente el origen de la leyenda de Excalibur-en-la-piedra) tiene también su lugar en la nueva mitología de Tolkien. En primer lugar porque se trata de la herencia que pasará de Sigmund a Sigurd, mediante una reconstrucción, tal como los restos de la espada rota de Elendil, llamada Narsil se refundirán en una nueva espada llamada Anduril. Uno de los nombres escáldicos para espada es “llama” (así aparece varias veces en La nueva balada...), de ahí también el nombre de Narsil, que significa en sindarin “Llama del Oeste”. «Del regalo de Grímnir / guarda los framentos; / de los pedazos se formará / una brillante espada.» (Fœddr Sigurðr, 13). «Sigurd: -Sigrlinn, dime, / ¿la verdad se me dijo, / sobre los brillantes fragmentos / de la espada de Grímnir? / El hijo de Sigmund / los busca ahora... / ¡ahora a Gram Regin / sin engaños me forja! // La forja crepitaba, / ardía el fuego: / un acero le trajeron / de filos azules; / aleteaban con las llamas, / mientras destellaba cantando: / el yunque hendido / resonaba con fuerza» (Regin, 18 y 19).

Se habrá notado el curioso detalle de los “filos azules”, que parece ser evocado con fuerza de imagen mitológica en la luz azul que el acero élfico produce en la proximidad de los orcos. No parece improbable que los versos que expresan la idea del fulgor de la espada blandida en tiempo de guerra haya terminado produciendo aquella otra más mágica: «Siempre el regalo de Grímnir / brillaba en tiempo de guerra» (Dauði Sinfjötla, 3). Algo parecido podríamos decir respecto a la escena donde Sigmund enfrenta a Odín y éste lo derrota rompiendo la hoja de su espada. El poeta dice que la espada «cantó ante Odín... y cantando se quebró» (Fœddr Sigurðr, 8 y 9). Lo que nos recuerda a la espada Anglachel de Túrin que le habló antes de que se quitara la vida.

El viaje final (¿hacia el Oeste?), el viaje de la muerte, que aparece con tantísima frecuencia en la literatura tanto celta como nórdica, tiene también su expresión aquí, en el momento en que Sigmund entrega el cuerpo sin vida de su hijo Sinfjötli al misterioso barquero (no es otro que Odín) que lo transportará al Valhöll (El Palacio de los Caídos): «Henchido de pena / Sigmund lo alzó, / en sus brazos lo cogió: / salió fuera. / Por bosques y espesuras / hasta las olas espumosas / sin rumbo vagó / hasta las olas rugientes. // Barquero:- “¿Qué te trae / con tan pesad carga? / Mi barca está preparada / para llevarla”. Un hombre allí llegó / de oscura capa, / encapuchado y vetusto / grande y horrible. // Solo estaba Sigmund / junto al borde de la tierra...» (Dauði Sinfjötla, 11-13).

Finalmente mencionemos que así como el espíritu de Sigurd aguardará en Valhöll hasta la llegada del Ragnarök, cuando pueda volver a luchar y realizar la redención del mundo (cf. la teoría de Tolkien sobre el Evangelium previsto en los mitos), del mismo modo se dice de Túrin que su espíritu aguardará en las Estancias de Mandos hasta que llegue la Última Batalla (Dagor Dágorath) y pueda vengar a los hijo de Húrin dando muerte a Melkor, encarnación del mal. «Así pronto llegó Sigurd / portando la espada / al alegre Valhöll / para saludar a Odín. / Allí festeja / a la vera de su padre, / esperando la Guerra, / el elegido del Mundo. // (...) // En el día del Juicio / se alzará inmortal / quien saboreó la muerte / y no muere más, / matador de la serpiente, / semilla de Odín: / no todo terminará, / ni perecerá la Tierra» (Deild, 78 y 80).